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Science and its times. Vol 5. 1800 to 1899 (Parte 10)

Efectivamente, la idea de la evolución de Darwin no era la primera. El francés Jean Baptiste Lamark, a principios del siglo XIX ya había propuesto la suya, incluida en su obra Philosophie zoologique, basada en la transmisión de las modificaciones causadas por el uso (o la atrofia) de un órgano para adaptarse al entorno.


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Así, un pájaro desarrollará algún sistema para favorecer el vuelo y un topo perderá capacidad visual pues apenas usa los ojos. Esa sería la que él llamó primera ley. La segunda ley establecía que esas características o rasgos se transmitirán a las generaciones posteriores. 

Una idea, el lamarckismo, que aunque incorrecta, no carecía de sentido dado el desarrollo científico de la época. Pero también, introdujo otros conceptos claramente "desfasados" como el que consideraba que los animales tenían "voluntad" o "deseo" de esos cambios, llegando a sugerir que podrían incluso controlarlos. Bien es verdad que posteriormente ya él mismo renegó de estas posibilidades.

El caso es que en su época, esta idea de la evolución no tuvo gran aceptación. Hasta los primeros años de la genética cuando se reconsideró el lamarckismo y se estableció que había rasgos que se transmitían entre generaciones, pero que los rasgos adquiridos (los que  decía Lamarck) esos no eran heredables. Y también se demostró incorrecta la supuesta voluntad de los organismos para evolucionar: Los cambios se producían más bien debido a mutaciones aleatorias y sin objetivo. Sería la idea de la selección natural de Darwin la que lo explicaría: De aquellas mutaciones aleatorias, sólo sobrevivían los que resultaban mejor adaptados al medio y, por tanto, esas mutaciones serían las que se transmitirían a la siguiente generación.

Pero el lamarckismo aún tuvo otro pequeño momento de gloria, cuando el biólogo Paul Kammerer dijo que había obtenido resultados experimentales de la transmisión de rasgos adquiridos. El famoso caso de los sapos que vivían en zonas húmedas y cuyos machos tenían las patas delanteras con "garras" para agarrarse a las espaldas de las hembras durante el apareamiento. Esa misma especie de sapo de zonas secas, no tenía así las patas delanteras. Y lo que contó Kammerer es que se puso a criar sapos de zonas secas en un ambiente húmedo y que al tener descendencia los nuevos sapos desarrollaban garras en sus patas delanteras y que ese nuevo rasgo se heredaba. Lamarckismo puro!

Incluso hubo alguno que ya empezó a especular con la posibilidad de "crear" organismos modificados a voluntad, cuando se descubrió que, en un ejemplar conservado lo que eran "garras" heredadas y heredables tenían todo el aspecto de ser tinta inyectada. Acusado de fraude, que él derivó a un desconocido ayudante, cuya intención sería marcar esas "garras", se suicidó.

Nadie consiguió reproducir los experimentos de Kammerer. Y el neo-lamarckismo se centra más en aspectos sociales que biológicos.

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