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Science and its times. Vol 4. 1700 to 1799 (Parte 11)



En la Ilustración, como en todas las épocas siempre hubo algunos, aprovechados o no, que propusieron ideas totalmente idiotas que tuvieron su momento de gloria. Una de esas tonterías fue el llamado mesmerismo, muy de moda entre la gente “bien” de la época.

En un momento en que la medicina estaba desprendiéndose definitivamente del pasado y del lastre religioso que relacionaba la enfermedad (sobre todo la mental) con el demonio y el pecado, un exceso de mecanicismo llevó a algunos a querer explicar al ser humano mediante “fuerzas” vitales en vez del “alma” religiosa. Distinto perro con el mismo collar.

El caso es que el mesmerismo ese ni tan siquiera era original. Ya hacía tiempo que circulaba la tontería de que debería haber “fuerzas invisibles”, a semejanza de la gravedad con los planetas, que “actuasen” sobre los organismos vivos para darles “movimiento”. Y otra tontería era el efecto “beneficioso” de los imanes en el tratamiento de las enfermedades. El mesmerismo lo que hizo fue juntar ambas tonterías en una.

Esa tontería fue propuesta ya por un joven Franz Anton Mesmer en la defensa de su tesis doctoral en medicina: De planetarum influxu (Sobre la influencia de los planetas, se supone que sobre las enfermedades, claro). Efectivamente, la astrología en la Universidad no es algo de hoy en día.


http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/6c/Mesmer.JPG

Ahí ya hablaba del “magnetismo animal” y citaba a un médico inglés que demostró lo bien amueblada que tenía la cabeza escribiendo un libraco sobre la influencia del sol y de la luna sobre el cuerpo humano y sus enfermedades. ¿Su razonamiento? Pues si el sol influía sobre la luna y la luna sobre las mareas, ¿cómo no iban a influir sobre los seres humanos? Vaya, un argumento totalmente científico e irrefutable.

Está claro que Newton se le había atragantado a más de uno.

También debió pasarle a Mesmer, que se inventó una “gravedad animal” que actuaría sobre los fluidos y partículas del ser humano que al interactuar entre ellas generarían esa “gravedad”. ¿Resultado? Pues que el cuerpo humano, con esa “gravedad” sería como un generador de “energía” interna capaz de animar y originar los procesos físico-químicos necesarios para la vida. O sea, que los seres humanos serían como “centrales eléctricas” autónomas, con su correspondiente “magnetismo”.

El caso es que no se contentó con eso (y no porque no tuviera prueba alguna de lo que afirmaba) sino que posteriormente “pensó” que si el cuerpo humano tenía su propio magnetismo, un imán exterior podría interactuar con él. Y dado que, según Mesmer, las enfermedades podían entenderse como “irregularidades” del “magnetismo animal”, también podrían “regularizarse” usando imanes externos. Así, ya tenemos al muchacho aplicando imanes a señoras y señoritas de buena familia “enfermas”.

Pero la cosa fue a peor, si cabe. Porque ya se le fue la olla definitivamente y decidió que ni hacía falta usar imanes, que con su propio “magnetismo”, a través de la imposición de manos, haría el mismo efecto “reparador” del desajuste magnético de las pacientes.


http://serendip.brynmawr.edu/Mind/Images/23.GIF


Vaya si fue a peor, porque lo siguiente fue que también decía que se podrían “magnetizar” cosas, como el agua, para “recetársela” a las pacientes y que se tomaran el “tratamiento” en sus casas. Supongo que pagando su buen dinerito, claro. Anda, como la homeopatía.

Los relatos de los pacientes “curados” y los efectos del mesmerismo se ven ahora como reacciones histéricas de las señoras y señoritas de la alta y encorsetada sociedad de la época.

Y la tontería esta tuvo un curioso efecto secundario, cuando el marqués de Puységir, según parece, descubrió el hipnotismo al inducir lo que llamó un “sonambulismo artificial”.

Cuando se enteró, Mesmer debió de ponerse muy contento. Sus tonterías tenían una “prueba” de la existencia de “fuerzas” invisibles que conectaban todas las cosas y así se “explicaba” que un hipnotizado aparentemente dormido hiciera cosas con los ojos cerrados. ¡Tenía que haber una comunicación entre el sonámbulo y algún plano superior de la existencia donde se le decía lo que tenía que hacer!

Y luego llegaron los románticos, sobre todo en Alemania, que se montaron la paja mental de que el “soanmbulismo artificial” era el reflejo de la capacidad del ser humano de “trascender” a un “plano superior” donde todas las cosas eran una.

Sí, creo que en esa época estaban de moda los lingotazos de absenta y fumar opio como posesos.

El caso es que la cosa degeneró bastante y lo de las decorosas señoras y señoritas de la buena sociedad desmelenándose bajo los influjos hipnóticos llevó a que el gobierno francés tomara cartas en el asunto, declarando al mesmerismo como un timo de curanderos y un peligro para los “pacientes”. Así que en 1784 se prohibió como práctica médica.

Y no me creo que esas ideas de los imanes y el hipnotismo como ayuda en tratamientos de psicoanálisis sean herederos del mesmerismo. Parten de, como mínimo, conceptos diferentes sobre el funcionamiento del cuerpo y de la mente humanas. No hay “gravedad animal” ni “planos existenciales superiores” ni otras zarandajas por el estilo. Existen los campos electromagnéticos, no explicados por Mesmer y su mala digestión del gravitacionismo newtoniano, sino por Maxwell. Y sobre el uso del hipnotismo y las “regresiones” en el psicoanálisis hay mucho de lo que hablar, y no todo es bueno (por muchas películas de cine que nos pongan, aunque las de Woody Allen y sus psicoanalizados personajes sean muy divertidas).

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